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Dolor accidentado

Camino con la compañía de la soledad. El frío hiela mis orejas y el viento de tan solo un soplo alborota mi vida. Al bajar por la calle sueño con lirios y con ese amor por recuperar. Entre lo malvado de la oscuridad oigo como las chatarras de dos coches llenan de sangre la carretera. La ciudad se paraliza, mi corazón se congela y mi memoria huye del escenario. Tan solo la luna y el amargo vino sabe la razón de mi desazón. Con cuidado sigo bajando por la calle y al llegar al final puedo observar un desastre que me es conocido. Aunque fue en mi olvido, ya perdí a un ser querido en la misma situación.

Hasta la muerte tiene que sentarse como un gigante observando la pequeñez de la humanidad.
En esta calle hoy la lluvia se manifiesta triste, como los sucesos.

Con tu risa en mi memoria entro en un sueño donde tú y yo volvemos a encontrarnos. Y si en medio de la verde primavera puedo volver a sentir tu bondad, sabré que para siempre estarás en mi memoria, en el olvido de los muertos, en la vida de los vivos. Pero te marchaste, y el hoy me lo ha vuelto a recordar. Sin mirar atrás, algunas lágrimas se apoderan de mi rostro. Mis mejillas frías contrastan con el calor del llanto. No es verdad que el destino es esquivo, pues la muerte estará acechando detrás de cada paso.

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