La voz

Una voz susurra con el viento la melodía de algo desconocido. No conozco el amor, ni la cara de aquella voz que parece penetrar mi alma. Siento dolor tras esa voz dulce, pues se apaga poco  a poco conforme me alejo de ella. Miro a mi alrededor pero no hay ningún corazón latiendo por vivir. Esa voz, llena de soledad, quizás sea el reflejo de lo que yo soy, en mi interior, en mis días, en las noches más frías y oscuras. Pero avanzo con pasos firmes, no voy a rendirme, no ahora. Saco fuerzas para atravesar el camino frondoso de malas hierbas, y esa misma voz de nuevo. Me alienta, me anima, llena de ilusión cada baldosa  con verdín que cruzo. Y ahora, solo ahora, miro hacia atrás y me veo a mí mismo atrapado tras una niebla. El valor, no está solo en luchar por avanzar, sino en superarse y dejar atrás lo que no nos deja ver la luz. Porque la aceptación, a veces, conduce al cambio.

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